Los seres humanos somos estúpidos por naturaleza, siempre andamos preguntándonos cuál es nuestro propósito en la vida, o simplemente por qué estamos aquí.
No somos capaces de entender que realmente estamos aquí por simple casualidad, que cada uno de nosotros es fruto de un feliz acto del azar, y que en definitiva, no somos nada, somos algo así como un pétalo de flor de almendro, no somos más que uno entre un millón, y todos iguales, pero diferentes.
Claro que, todo depende del observador, pues, uno podría pensar, en un descabellado brote de ego, que somos el objeto de la existencia del universo, suponiendo que el universo mismo tiene conciencia o que existe un algo superior que lo ordena y crea.
Pero ¿Qué o quienes somos nosotros, para pensar que la inmensidad del cosmos fue creada para simplemente ser nuestra morada? Aunque realmente el cosmos tuviera su propio Demiurgo, para nosotros tendría mas bien función de ratonera que de morada eterna.
Porque, amigos míos, el ser humano vive de esperanzas y de sueños, y eso no lo va a cambiar nadie, así que, tal y como hizo nuestro amigo San Manuel, el Buen Mártir, debemos hacer pensar a las personas que son únicas, que el mundo gira porque ellos respiran, debemos alimentar sus diminutos egos para que nuestro mundo siga girando, y no caiga en el letargo de la desesperanza.
Porque después de todo, quizás sea yo el que esté equivocado y el universo no sea una ratonera, porque quizás si sea una morada creada especialmente para nosotros, porque quizás alguien o algo decidió traernos a la existencia, y porque quizás, y sólo quizás, si que seamos seres únicos e irremplazables.
Lo que menos me gusta de las relaciones es la dependencia que se crea, ese sentimiento de necesitar a la otra persona, de no poder pasar sin ella.
Todo ello crea un sentimiento de soledad que no es fácilmente soportable, probablemente tu también lo hayas experimentado, pues en realidad aunque cada uno defendamos nuestra genuinidad no somos mas que copias mal hechas de un modelo idílico de persona que establece la sociedad.
Realmente el arte de la originalidad nunca existió, vivimos copiando lo que hacen los demás, cambiando nuestra forma de actuar, siendo poco más que monos de imitación, se recompensa a aquel que se acerque al modelo ideal y se margina a lo diferente y alternativo.
Sin embargo, ser normal está sobrevalorado.
Hay gente a la que cuando escribe le gusta centrarse en un solo tema, ofuscándose escribiendo grandes parrafadas sobre el objeto de su furia, o haciendo una proyección de sus sentimientos, atribuyéndoselos a otra persona, yo por el contrario tengo una mente bastante ecléctica y cambio de tema bastante rápido, supongo que soy ideal para esas tardes aburridas en las que no tienes nada que hacer.